Por Héctor Moreno, estudiante de la Licenciatura en Diseño de la Comunicación Gráfica en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco y miembro del equipo de Gon Animation.
Entrando a temas un poco alejados del diseño o de la animación, hace unos meses vi por primera vez el polémico documental difundo por Internet llamado Zeitgeist. Antes de disponerme a verlo, me dediqué a buscar algo de información sobre él, y encontré puntos de vista encontrados: por un lado, personas que hablaban bien de la película, decían que mostraba muchas verdades, que ya era hora de que alguien se diera a la tarea de difundir esa información, mientras que por el otro, comentarios que insultaban la obra, algunos la calificaban de poco seria, amarillista o hasta blasfema, desde luego en sus propios términos. Todo esto logró aumentar mi curiosidad hacia el documental, sobretodo cuando me enteré que sólo se podía ver a través de Google Video, o bajándola, ya que se decía que en YouTube había durado muy poco porque la habían borrado o censurado. La busqué, y la vi.

La película se compone de tres grandes partes: crítica hacia la religión, sobretodo al cristianismo, crítica a los sistemas políticos y crítica a los sistemas económicos, enfocándose al neoliberalismo. Las últimas dos partes con gran conexión entre ellas.
Era necesario mantener el más amplio criterio posible así como una mente abierta y crítica para poder estudiar cada instante del documental. En lo personal, no me pareció chocante como a algunas personas, mucho menos amarillista. Al contrario, me pareció algo que era en realidad necesario hacerse y divulgarse. ¿Por qué? Una simple razón: estamos tan inundados de una sola visión del mundo, reproducida en todos lados, sobretodo en los medios de comunicación masivos y procurada por las estructuras de poder, que cualquier punto de vista distinto o crítica al sistema establecido acarrea la hostilidad de quienes cuidan y conservan esas estructuras e instituciones, así como de aquellos que han logrado una mayor adaptación a él, es decir, la gran mayoría de la gente, incluyendo a quienes ese mismo sistema ha golpeado más, las minorías y los desposeídos, por el hecho de que el único referente que conocen es aquel en el que han sido educados, ¿no así la gran mayoría de nosotros?
Pasó aproximadamente un año de eso y tuve la oportunidad de ver la que se dice que es la segunda parte de este documental: Zeitgeist Addendum. Si la primera parte se enfoca en la exposición de los hechos tal y como el realizador o realizadores lo proponen, basándose en su investigación –no dudo que así haya sido-., la segunda nos muestra una crítica más enfocado al tema de la economía, sobretodo al dinero mismo. Se habla de la insostenibilidad de la moneda de la cual dependen muchas otras, el dólar, ya que no se encuentra basada en nada. En este punto, antes de adentrarme más, me atrevo a preguntar ¿por qué nos debería de interesar? Respondo aventuradamente: por que el peso depende del dólar, sencillamente por eso, además de que lo que entra y sale de nuestros bolsillos está influenciado por el billete verde.

A raíz de ver este documental me puse a pensar sobre la, si cabe decirlo, naturaleza del dinero, y en cierta forma, me parece que es algo inevitable de lo cual trágicamente no podemos librarnos, y aquí va el porque lo pienso (De todas formas sería buena idea que quien lea esto, vea el documental en cuestión y no me crea a mí, ni al documental. Hay que recibir la mayor cantidad de referentes posible, y así hacerse una idea propia):
El dinero existe en todas las sociedades. Hasta en aquellas que el occidente ve como primitivas, se usan las conchas, los granos de cacao o los guijarros como moneda. La moneda, como concepto, es una idea dependiente de una sociedad específica. Cada una de ellas tiene sus respectivas escalas de valor de lo que la moneda debe de ser, sin referirme a la idea de moneda como una pieza de metal, acuñada y regularmente con efigies en una de sus caras. En otras palabras, la moneda no es una cosa, digamos universal. Sin embargo, el dinero si lo es. El concepto del dinero ha logrado existir tanto tiempo y se sigue reproduciendo a causa de que es una idea genial: dinero significa hacer inherente en un objeto un valor que es equivalente a una fracción del valor de cualquier otro objeto, excepto del dinero mismo. Para esta última relación entra el concepto de moneda. Pero para el concepto de dinero, dicho en otras palabras, se trata del cambio universal, de ahí el concepto de valor de cambio. Teniendo esto en cuenta, es posible en teoría cambiar todo valor dado arbitrariamente –cualquier cosa: producto, servicio, fuerza de trabajo- por otro valor estandarizado –el dinero mismo, ya como un valor sostenido de manera simbólica en la materia, moneda (pieza), billete, cheque, etc.-.



(Algo curioso pasa con el dinero como materia, es decir, moneda, billetes, cheques; por ejemplo con los cheques sucede que el papel con lo ahí escrito, la cantidad, quien paga y quien recibe, funciona evidentemente como un bono y si vamos más allá, se trata de una promesa. La promesa expresada en el cheque dice: “este pedazo de papel que te doy, con la cantidad que ahí he escrito, te garantiza –dado que está reconocido ante una “autoridad”- que obtendrás el dinero “real” en cuanto lo presentes con la autoridad que da la garantía de la cual te hablo. Puedes estar seguro que obtendrás tu dinero”, porque por alguna razón absurda, siendo el cheque y el billete hechos de papel o algún material similar, se tiene la ilusión de que el cheque por si mismo no vale como valdría un billete o moneda, porque estos últimos SI tienen un valor “real”, inherente a ellos. Eso se cree y se da por sentado. De hecho, el billete como lo conocemos actualmente es la evolución de un cheque, una promesa de pago que se daba como aval de un futuro pago en otro material que en ese entonces, poseía un valor en sí, un valor “real”. Entonces, siguiendo esta lógica, el dinero circulante y material no es más, así como los cheques, que una promesa de pago. Pero aquí viene lo interesante: ¿en que está basado el valor del billete o de la moneda como pieza material? En nada, por lo tanto se convierte en una deuda, como se habla en el documental, dado que el dinero mismo es la promesa de un pago en otra moneda que jamás llega, salvo otra promesa de pago, otra deuda. De esta forma cualquiera que haya en su vida comprado algo, se encuentra ya endeudado. Pero no se considera así ya que de serlo, el sistema económico como lo conocemos actualmente sencillamente no se podría sostener, porque nos sabríamos endeudados y no existiría la confianza al comprar, y ya que es la confianza lo que permite que fluya el dinero la economía se estancaría. Aunque en la práctica también entra en el juego el tratado comercial desigual, el cual no se basa tanto en la confianza sino en la imposición.)

El dinero existe aún porque unifica la idea de un valor en algo que, de nuevo, en teoría, cualquiera puede usar, se trata, de nuevo, en algo universal. Es un estándar por excelencia. Permite que una idea, un concepto, un valor, pueda ser acumulado porque se sirve de otro estándar abstracto, las matemáticas. Y sobretodo, cualquier cosa se puede expresar potencialmente en dinero. Es esto último lo que es el origen del problema del mismo, y lo que desmorona una idea genial y la llega a convertir en algo incluso sobrevaluado por algunos, sobreacumulado por otros, esclavizante para otros tantos aunque despreciable para muchos otros. Me refiero a la equivalencia que se hace de lo que se considera como el valor de un humano, en la persona su integridad y condición de humano precisamente, con el dinero. Esa es la razón de su cara más oscura, porque actualmente incluso un ser humano tiene precio.
Nos parece tan normal y bueno el acto de trabajar y ser remunerados en consecuencia, que sobretodo en épocas de crisis consideramos el hecho de tener trabajo como algo excesivamente bueno. “Es normal”. Habiendo crecido inmersos en un sistema que se rige por un valor de cambio universal hallado simbólicamente en materia –el dinero explicado de la forma más mundana: lo que tenemos en la cartera o en las bolsas-, el cual puede ser cambiado por todo, creemos que es normal que incluso el trabajo tenga un precio. Precio es el concepto que habla de eso que está oscilante entre el valor de cambio universal y el valor arbitrario que le damos a los objetos, que en un momento dado se ancla en una especie de acuerdo entre esos dos valores y permite lo que llamamos transacción. No hace falta leer El Capital de Marx para darse cuenta de eso. Yo jamás lo he leído, no descarto hacerlo, pero este tipo de cosas son fácilmente “descubribles” si se pone atención en el comportamiento de la gente frente a lo que se estudia, y en lo que se hace con ello.

El precio es lo que detona el movimiento del dinero, y lo que produce el bienestar o malestar de una sociedad en términos de nivel de vida. Por ejemplo, si se establece que el precio de algo básico para vivir –en el caso de que sólo pueda conseguirse comprándolo- es de 50 y una persona con ingresos diarios de 100, gasta la mitad en ese producto mientras que la otra mitad la usa para comprar otros productos, le queda nada para adquirir productos posiblemente ya no básicos hablando de una necesidad primaria, en los que se encuentran –de acuerdo a este escenario- los lujos (más adelante hablaré de la importancia del lujo). Si otra persona que recibe 1000 gasta 50 en ese producto básico, gasta otros 100 más en productos, supongamos, de necesidad primaria, le restan 850 para usar en la compra –de nuevo de acuerdo a este escenario- de lujos. Entonces el precio mueve el dinero basándose en la capacidad de compra que tenga quien tiene cierto ingreso. Si se tiene lo suficiente para comprarlo, se compra y el dinero se mueve, se cambia por aquel valor arbitrario. Si no se tiene, el dinero sencillamente no se mueve. El movimiento del dinero crea otro concepto, el mercado. Aunque también existe el caso en el que existen los recursos en dinero y el poder de compra es grande, pero “no se utiliza”, solamente se acumula –evidentemente se usa, pero digamos, los excedentes, la ganancia, se acumula-. La acumulación de ese dinero provee a quien lo tiene de la posibilidad de una promesa de uso del mismo hacia los que saben que lo posee. Eso produce dos cosas: estatus y un valor que se le da a ese dinero acumulado, que no es el valor cuantificable del total de lo acumulado, sino un valor simbólico de esa, digamos, acumulación –por ejemplo, lo que se dice que vale una empresa, o una marca pero no expresado en cifras-. Aquí ocurre un desbalance entre lo que entra y lo que sale, pero más importante, cómo se obtiene ese dinero que se mueve o que no se mueve. Entra ahora el concepto de remuneración, que está de la mano con el del trabajo.

Se supone que en principio si se compra algo que fue dispuesto a ser vendido, alguien lo produjo. A ese producto se le establece un valor arbitrario que paradójicamente –por arbitrario- está de acuerdo con lo que costó producirlo, en términos de esfuerzo o conocimiento, por lo que si una sola persona se dedica a hacer algo, claramente el producto final será más caro que si lo hicieran cinco personas, porque el esfuerzo es de uno y no se divide como en el segundo caso. Pero si en un momento dado existe un coordinador, quien provee a un grupo de personas las herramientas necesarias para hacer un trabajo de la manera más eficiente posible, se convierte en su patrón.
El patrón, como posee la tecnología que ayudará a hacer el trabajo, tiene también el poder de controlar la cantidad de dinero que dará a quienes hagan el trabajo, a cambio precisamente de su trabajo. Actualmente eso se lleva a cabo mediante un contrato, en el cual se estipula en los términos más crudos aquí dichos, que el patrón puede disponer del tiempo y fuerza de aquel al que emplea. Y a ese tiempo y fuerza se le pone un precio el cual es pagado. Pero, parafraseando una parte de Zeitgeist Addendum, se convierte en el más efectivo sistema de esclavitud cuando ese trabajador, para adquirir productos varios, entre ellos la comida, es “forzado” (entre comillas ya que el trabajo, en este sentido, podría justificarse con la frase “trabaja quien quiere trabajar, nadie es forzado a trabajar”, y así es, nadie es forzado, hacemos las cosas porque queremos, pero dado un sistema en el que todo gira en torno al dinero, quien no trabaja para ser remunerado no entra en el círculo de producción y a eso se le atribuye un valor moral de carácter negativo: la pereza, la cual ha sido satanizada, así como el ocio, mismo que ha sido la base de la invención en muchos casos, no necesariamente el trabajo, como se nos ha hecho creer; por lo tanto, el no trabajar se convierte en razón de presión social ya que implica el aislamiento de un individuo de la sociedad en tanto una estructura formada por voluntades comunes o convencionalismos, quien no siga lo establecido atenta contra esa sociedad) a trabajar para conseguir el dinero que le permitirá sobrevivir.
Entonces tenemos a dos grandes grupos de personas cuyo criterio en común es el ingreso/remuneración del dinero: los que poseen los medios, tecnología, para producir y obtienen ingresos del trabajo de sus empleados, y los empleados, que no tienen los medios que posee su patrón, por lo que no pueden ser remunerados de otra forma que no sea bajo las condiciones de alguien que posea los medios para producir. Dado este panorama, se entiende que sean los que tienen la tecnología para producir los que gozan de mayor calidad de vida porque tienen gente a su mando a la cual remuneran lo necesario y suficiente que no ponga en riesgo la ganancia propia, porque mientras más acumulen dinero, ocurrirá lo que dije más arriba, el valor de esa acumulación no será el del total cuantificable, sino un valor simbólico que significa potencialidad en cuanto a lo que sea capaz de hacer con ello. Mientras que los demás, los que no tienen la tecnología para producir, se encuentren a merced del poseedor de las herramientas y que mientras más sean los trabajadores, ganarán menos dado a que es “menos” esfuerzo invertido de manera personal para la fabricación de un producto cualquiera.
(Esa es una de las principales razones de la creación de sindicatos -para evitar que se use al trabajador como una mera herramienta más y habiendo sido finalizada la necesidad del patrón, sea desechado-, tan satanizados por pura ignorancia y desinformación mediática hoy en día en nuestro país y que, muy a pesar del espíritu de su creación, algunos no podrían enorgullecerse de las esferas de poder que se han creado en lo más alto de ellos, algunos líderes extrabajadores que de proletariado les queda sólo el recuerdo.)

Es esa diferencia de ingreso lo que crea los productos de lujo: El lujo no se encuentra en el objeto en sí, sino en la posibilidad de que un objeto pueda ser o no adquirido y cuyo valor arbitrario, en un punto establecido como alejado del valor de lo “básico y necesario”, no puede ser costeable mediante el valor estandarizado ya que la remuneración por el trabajo no lo permite la mayoría de las veces. En otras palabras, lo que es lujo para algunos, para otros es adquisición corriente. Sin embargo, concuerdo en que para ciertos servicios o productos la definición “lujo” es insostenible, ya que se trata de elementos que proveen un bien social. El caso más reciente en México fue el del servicio Internet, al que se pretendía gravar con un 3% de impuesto -a pesar de ser uno de los servicios más caros del mundo y con menor ancho de banda-, ya que se consideró como un lujo,. Visión más miope no podría existir cuando se habla de telecomunicaciones.

Pero la importancia del lujo, no del lujo como un juicio convencional sino como un juicio propio, es la de proveer una sensación de plenitud cuando se tiene por fin, ya que el lujo es esperado, por muy superficial que parezca. Esos momentos que satisfacen a la persona le dan la posibilidad de la fantasía, de pensar en el futuro. La ausencia de lujo, cuando el ingreso no permite adquirir lo añorado, tiene otra cara: la ocupación de la mente en el futuro más inmediato, en la necesidad primaria fisiológica, comer y enseguida la seguridad. Esto repercute en el estado mental de la gente, la hace más propensa, me parece, a la inquietud, o a la credulidad. Un lujo, como algo que se añora, puede ser desde un cliché como un Ferrari, hasta un trineo, sino pregúntenle a Charles Foster Kane donde quedó Rosebud.

A todo esto, ¿qué tiene que ver el título, “El Proyecto Venus”? Bueno, en el documental de Zeitgeist Addendum, el cual trata sobre el dinero y lo que se ha construido en torno a él, es decir, la misma sociedad, se propone un nuevo modelo social que no está basado en el dinero sino en la tecnología. La idea no es mala, de hecho me atrevo a decir que es muy buena en el sentido en que incluye, al menos como idea, a toda la gente. No es por lo tanto, excluyente y prejuiciosa como la del dinero. Se trata de que, al no existir el trabajo y por ende el dinero ya que las máquinas se ocuparían del trabajo mismo, sea la tecnología la columna vertebral de la nueva civilización, todas las sociedades en conjunto. De esta forma no existirían tampoco las clases sociales. Jacque Fresco, el pionero de esta idea, sostiene que ya en nuestros días tenemos la capacidad tecnológica para hacer esto. No lo dudo, o más bien, no dudo que exista la capacidad para comenzar a dar el cambio. No obstante, creo que hay dos grandes problemas para que esto se dé en menos de 200 años o tal vez más, ya que no tiene porque ser imposible, sólo que es muy difícil: si se piensa que todo el trabajo será hecho por las computadoras –o máquinas, herramientas… tecnología-, resulta válido pensar que una máquina podría crear otra máquina, la cual tendrá una función específica en el futuro. Pero en el origen de esta cadena necesariamente está el humano, quien idea y luego construye las herramientas, ya que si se construyeran máquinas que sean dispuestas a crear otras máquinas, con el paso del tiempo terminarían por hacerse obsoletas. La única forma en que esto no suceda sería que la humanidad entrara en conjunto en un estado de profundo conformismo y comodidad, que no permitan el advenimiento de nuevas ideas potencialmente llevadas a cabo. Pero como me parece que la curiosidad es una característica humana, no podría darse la obsolencia de las máquinas, debido a eso el trabajo humano necesariamente seguiría existiendo y, por desgracia para esta idea, tendría que ser remunerado gracias a la idea residual que para ese entonces nos quede del viejo dinero. Lo que me lleva al segundo problema: la ideología de toda civilización está hoy en día fuertemente permeada por el concepto de dinero. Como decía más arriba, consideramos como normal el trabajo y el dinero, hasta decimos que son algo bueno. Yo no pienso que sean necesariamente buenos o malos, más bien creo que la sociedad en la que vivimos es sólo una de las miles de posibilidades que ni siquiera nos pasan por la mente a lo largo de nuestras vidas. A Jacque Fresco se le ocurrió una, no tiene porque ser mejor o peor, pero es diferente y en teoría arregla uno de los más grandes problemas de la actual. El problema es que muchísima gente defendería el sistema actual, le haya beneficiado o no, pero por no tener más referentes, no tendría bases para haber reflexionado y cuestionado el modelo hegemónico. Y creo que el problema cultural es más fuerte que el de los procesos de producción, que es aún hipotético ya que no hemos entrado en ese modelo propuesto por Fresco.

A fin de cuentas, ¿tiene esto que ver con el diseño? Parece que nada, pero si se le rasca encontraremos que tiene todo que ver. Actualmente las universidades han dejado un poco de lado el formar seres humanos íntegros mediante la cátedra, la crítica, la ciencia, el arte y la interculturalidad, todo esto es desde luego una serie de valores occidentales. Se han enfocado en crear engranes de un sistema. No se les puede culpar. Como decía anteriormente, consideramos normal lo que nos provee del único referente que conocemos. En el caso del diseño, se trata de un rubro de conocimiento en gran medida comandado por los movimientos del mercado. Diseñamos mucho para publicitar productos o servicios. Desde ese momento ya somos partes de un sistema. Lo queramos o no, el diseño existe, como lo conocemos ahora, gracias al dinero, a la capacidad de compra, a la idea de lujo y a la necesidad creada de la mercadotecnia, que si bien es cierto que no hace más que maquillar la “realidad”, su fin es crear una necesidad, una añoranza, dicho de otra forma, un mundo paralelo. La visión del mundo que mencionaba casi al inicio de este ensayo.
¿Entonces que nos queda? Yo diría que si se está conforme con lo que se cree y se vive, muy difícilmente podrá haber un cambio en la mentalidad. Todo está bien para quien nada está fuera de lugar, es obvio. Pero si sucede algo que choque con nuestros paradigmas, es el momento idóneo para que se comience a gestar un cambio. Tengo la impresión de que algo parecido está sucediendo, y espero que no sea una mera sensación.




